
Sigo en esta tierra, la mía. Cuando las costas atlánticas se colmaron de chapapote a causa del Prestige, vino una marea blanca, solidaria, que ayudó a limpiar y rehacer lo que parecía imposible de conseguir. Incluso una cadena de TV, lógicamente privada, se instaló en A Costa da Morte, para transmitir desde allí sus telediarios de la noche.
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Estamos en una época muy mala, para unos más que para otros, pero no he visto movimientos de crispación callejeros, ni algaradas violentas. Parece que estemos hechos para aguantar, aunque las provocaciones de algunos parezcan no tener límite.
Somos una gente profundamente solidaria, sin importarnos cómo sea el beneficiado de nuestras actuaciones. Nos duele ver cómo hay quienes lo pasan muy mal. En esos casos, acudimos como por ensalmo a ayudar a quien sea para, al menos, paliar lo que en ese momento colma su capacidad de resistencia.
Solidarios, generosos, respetuosos, así somos y me enorgullece sentirlo en
todos quienes, por ejemplo, responden ante cualquier petición de ayuda solidaria. En esos casos, muchos, dejamos de parecer el país desestructurado que dicen que vamos camino de ser, para semejar más a una gente que sabe perfectamente lo que quiere y cómo conseguirlo.
Todos sabemos que se dijo del Cid aquello de “qué buen vasallo si tuviese gran señor…” Creo que hoy se podría aplicar a la casi totalidad de españoles, a la espera de alguien que, con palabras sanas y sin doblez, lidere esta comunidad buscando un futuro, en el que el bienestar no sea un patrimonio de gente cada vez menos numerosa. Lo deseo de corazón, tal vez
necesito creer que así será.Leyendo el Evangelio, veo que el capítulo II de S. Lucas nos dice que aquella noche, después de anunciar a los pastores lo que había ocurrido en Belén, los Ángeles cantaron “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Reparo en que los hombres carentes de buena voluntad quedaban fuera de ese deseo.
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A los demás también deseo cosas buenas, a cada uno según su cuota de bondad, honradez y solidaridad. Y si no hubo nada eso en sus vidas, supongo que, a estas alturas, ya están servidos.
Ojalá el año 2015 nos traiga luces y esperanzas nuevas y concretas.
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